Nuestro proyecto de reforestación nace de un gesto sencillo y profundo: devolver árboles a la tierra que los perdió. Cada especie que plantamos no es solo vegetación, es memoria. Cada tramo del Camino —desde Navarra hasta Murcia— tiene su propia historia contada en la simbología de sus árboles, en el significado que cada pueblo les ha dado durante generaciones, en los poemas y relatos que los nombran.
Queremos que quien camine por aquí no solo vea paisaje, sino que sienta que forma parte de algo que crece. Por eso, cada persona podrá elegir y apadrinar un árbol, seguir su historia, volver a visitarlo. Porque reforestar no es solo una acción ambiental: es un acto de compromiso con el futuro de los pueblos que atraviesa el Camino.